Archivo por meses: febrero 2022


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

TADEO Y BRAULIA

Maria Lourdes Aparicio Agreda

Braulia dut izena eta Illinois-ean bizi naiz. Nire familiak Illionis-eko erregina deitzen dit. Zergatik? Ernestek, nire aita pontekoak, Sanferminetara joatea gustukua baitzuen eta urtero ikusten zituen Iruñeko erraldoietariko bat, Braulia erregina izena duelako. Hala ere, berak egin zituen milaka argazkietan nire antza ikusten saiatzen banaiz ere, ez dut antzik aurkitzen.
Aurten erabaki dut leku eta ohitura berriak ezagutzeko eta fauna basatia hurbiletik sentitzeko.
Hegazkinera igo bezain pronto musika entzuteko kaskoak jantzita eta inguruan gertatzen den guztitik isolatu naiz. Baina, a ze estuasuna sentitu dudan hegazkinetik jaitsi eta Gaztelu enparantzan kokaturik dagoen hotelera eraman nautenean!
Zergatik? Pasaia berdea ikusi eta haizea eta ostoen soinua entzun ordez, txuri eta gorriz jantzitako jendetza abesten eta dantza eginez izan delako inguruan izan dudan ikuspegia.
Geroago, unetxoa zela “momentikoa” esan du norbaitek eta… “Hiru, bi, bat. ZIUN!” entzun bezain laister, zezen beltzak korrika bizian kalean zeuden. Irudi zinematografiko batetik ateratako korridoreak, zuriz eta gorriz jantzita, taldearen parte zirenak. Eszitazio deskribaezinak bidea egin zuen eta izua oraindik gorputzean nuela txistularien alardeak ateratzen hasi dira. Hora non agertzen diren buruhandiak, kikikiak, zaldikoak eta Asia, Amerika, Afrika eta Europako lau errege eta erregina erraldoiak.
Orduan margolaria eta artisaua den Tadeok luma bat oparitu eta hasi naiz idazten zuentzako istorioak.
 

SUPERHÉROE

Sonia Segur Velaz

Y ahí estaba yo. Otro año más. Ya podía visualizar la explosión de color blanco y rojo que en esos momentos inundaba la ciudad. La piel se me erizaba. La emoción contenida durante todo el año porfin florecía en mí, como ese resurgir del Ave Fénix. Podía oir los gritos de alegría de los más txikis pero también de los mayores aclamándome, gritándome. La respiración se me tornaba agitada, las pulsaciones parecían enloquecer por momentos. Ya casi era la hora. Miré el reloj. Tres, Dos, Uno… ¡Pummmmmmmmm!!!!
¡ Por Fin! El momento tan ansiado había llegado. Rápidamente acabe de ajustarme la cabeza y me miré en el espejo. ¡Genial! Me sentía todo un Superman. La sonrisa se dibujaba en mi cara. Como si de magia se tratara abrí mi ansiado tesoro. Que ganas de volver a cojerla como si de empuñar la gran espada de un poderoso Rey se tratara, la agité en el aire y ahora si estaba preparado. Baje corriendo las escaleras de dos en dos y salí por el portón de la vieja escuela. La algarabía era inmensa. Y entonces me vieron. Los niños corrían en torno a mí gritando: ¡Con el palo no, con la verga si!. ¡ Verrugas, verrugas!!
 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LUZ DE GAS

María Eugenia López Salmerón

En una película de suspense, Ingrid Bergman, aterrorizada por Charles Boyer, sádico esposo que manipula la iluminación de su casa, dio lugar a la famosa expresión «hacer luz de gas» cuando quieres «confundir» a otro.

Mi primera y única vez en el corralillo del Gas, encaramada para mejor apreciar lo que olores, mugidos y repiqueteo de cencerros dejaban adivinar, la luna de julio, encapotada, sólo permitía que se adivinasen contornos, vahos y nubecillas polvorientas al entrechocar los lomos.
EL mayoral y compañía toman posiciones. Atentos a las cornetas, abren portones de falsa esperanza a un tropel de animales que desconocían ser mudados a prisión renovada, sala de espera para su salvaje lucimiento del día siguiente.
Su trote regular, confiado en el ritmo de la manada que guían a varetazos, recorre los 440 metros hasta Santo Domingo y es el único sonido en la noche, salvo el de los campanos y los silbos. En ésa última noche añorarán la dehesa, seguro. Alguno igual se llama Gladiador.

Maximo Decimo Meridio, agónico y desangrándose en el centro del coso romano, también tuvo un ultimo recuerdo para su tierra, verdes prados, olivos de ancha sombra.
Extremadura, cuna de castas bravías, que saben morir de raza para disfrute ajeno. 

CON EL PREGON ATORMENTADO DEL SILENCIO

Julio Silva Sanchez

ASOCIACIÓN PARA EL CONOCIMIENTO Y DIFUSIÓN
DE LOS SANFERMINES
PAMPLONA
COMUNIDAD FORAL DE NAVARRA
ESPAÑA

XIII CERTAMEN INTERNACIONAL DE MICRORRELATOS DE SAN FERMÍN

Con el pregón atormentado del silencio

En estampida delante de aquellos briosos ejemplares, sintiendo la queja angustiosa de sus bramidos, el retumbar de sus cascos, el acre sudor y su mirada encendida, diste un traspié. No pudiste distinguir muy bien el momento cuando el altanero novillo de lustroso pelaje carmesí golpeó tu cuerpo. El pitón rasgaría tu cuello causando la deflagración de tus arterias y tiñendo de ámbar tu pañuelo. Te elevaste. Un sabor metálico inundó tus labios y un aroma cobrizo capturó tus venas. Los huidizos colores de la calle desaparecieron y en una apoteosis visual tus ojos volvieron a inundarse con la imagen tantas veces visitada: la madre con el hijo muerto, la paloma, el guerrero exangüe, la bombilla, la mujer arrodillada, la casa en llamas, el hombre implorando, la flecha oblicua, la mujer con los brazos elevados al cielo… el toro, con el cuerpo oscuro y la cabeza nívea, impasible, volteando su cuello hasta detener su mirada en tu rostro sorprendido. Te precipitaste hacia el abismo mientras un leñador incansable golpeaba con su hacha tu corazón cautivo. Emprendiste el galope, retumbó en tus párpados 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

Francisco Javier López Martín

Ahora me doy cuenta de la importancia que tiene enfilar bien la calle Estafeta. Me ha costado todo un año de confinamiento, encierro, medidas de distancia social, clases a medio gas, un día sí y otro no, muchos días sólo online, me ha costado andar con mascarilla arriba y abajo todo el día, entender que cada encierro no es otra cosa que una profecía, un juego de celebración de la vida, un juego de niños para entender que un día abrirán las puertas y comenzará el encierro, correrás delante de asignaturas, empleos, desempleos, parejas, pandemias, o cambios climáticos. Tu supervivencia dependerá de la distancia que te separe de los toros en el momento de enfilar la calle Estafeta. Más cornadas da el hambre. 

REVOLCÓN A MITAD CAMINO

Jaime Martínez Muñoz

Poco antes de Cintruénigo, mi amigo detuvo la moto.
–¿Qué pasa? La vespita canta como un jilguero.
–Tengo un apretón.
Se apartó a un matorral y contemplé la repoblación forestal. Olía a jara, a cantueso y a juerga. Recordé el ensayo en los sanjuanes sorianos: Un eral rojillo nos ganó tres metros en la arrancada, pero escapamos; rompimos las alpargatas en la carrera y compramos estas zapatillas para sanfermines.
Mi vientre se puso solidario. En cuclillas, casi juntos, repasamos el plan: comer en Pamplona, entrar a saco en fiestas, dormir en cualquier parte y correr el encierro. Y a casa, que hay que segar.
Ya nos íbamos a levantar cuando vimos la vaca, a cincuenta metros.
–Mira, es rojilla como aquel de Soria.
–¡Bah! Es mansa ¬–respondí.
Como si nos hubiera oído, escarbó en el suelo, dio dos pasos y lanzó un bramido formidable cuyo eco retumbó y se multiplicó en los barrancos.
–¡Es brava!
Sujetando los pantalones con una mano, echamos a correr sin mirar atrás.
–¡Salta, que arranco en marcha! –gritó mi amigo.
Eso hicimos, pero la Vespa se bamboleó y acabamos en el suelo.
Escupí tierra.
La puta vaca seguía en su sitio, quieta, rumia que te rumia. 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

DESFILADEROS

José Antonio Lozano Rodríguez

D E S F I L A D E R O S

Salta, se agacha, trota a pequeños saltos sobre el mismo sitio, abre los brazos, los cierra, mueve el cuello de lado a lado, aspira hinchando los pulmones, suelta el aire a pequeñas bocanadas, aprieta el periódico hasta hacerse daño, mueve los dedos, los aprieta con fuerza nuevamente, ajusta bien sus pantalones, levanta y baja su cabeza, hace círculos con ella, abre la boca a modo de bostezo, se desplaza con pequeños pasos hacia adelante, hacia atrás, hacia cada lado, tropieza con otro mozo, sonríe, recibe otra sonrisa, se apresta el pañuelo en torno al cuello, es rojo como la sangre, mira hacia atrás, cierra y abre los ojos, cruza la mirada con otros, son ojos vivos con cierto aire de miedo, mira la calle estrecha y asustada, al fondo, expectantes, separados por una puerta de aire presta a desaparecer, cuernos abiertos como desfiladeros. El cohete por fin asciende…

 

LA MAGIA DE SAN FERMÍN

Esther Zabaleta Uriz

Aquél cinco de julio por la tarde, en la habitación que había reservado en una pensión de Pamplona, Jakob se dedicó a buscar en internet los actos más importantes de las fiestas de San Fermín y decidió acudir al día siguiente a la plaza del ayuntamiento a ver el famoso chupinazo.
Una hora antes del inicio de la fiesta, compró ropa blanca y roja en una tienda de la calle Estafeta donde coincidió con unos jóvenes australianos. Entonces pensó que realmente debían ser unas fiestas tan importantes como decían si venia gente de tan lejos.
A las doce en punto, con el estallido del cohete, Jakob se vio envuelto en una especie de tsunami que lo desplazó de su sitio varios metros y que tiñó de rojo vino su recién estrenada ropa blanca.
Y aunque era ateo, acudió a la procesión el siete de julio y cuando el Santo “morenico” pasó delante de él, vio correr una lágrima por la mejilla de un joven muchacho que estaba a su lado y sintió cómo su propio vello se erizaba. Entonces comprendió el significado de aquella frase que leyó en una agencia de viajes de su Copenhague natal: “La magia de San Fermín”.
 


XIII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

POR LOS QUE (NO) VENDRÁN

Rosa Nieves

Ya han pasado 14 años y, sin embargo, parece que fue ayer cuando nos metimos por primera vez juntos en la plaza del ayuntamiento aquel 6 de julio a las 11:58. No volvimos a repetirlo porque o yo no estaba o no estabas tú. Y ni el año pasado ni este estaba el propio chupinazo. Pero siempre prometimos repetirlo y sabes que siempre he cumplido mi palabra, y esta vez no será distinto. ¿O sí?
Tal vez sí. La escalera no será lo mismo sin ti. Ni los almuerzos. Ni los cánticos. Ni la corrida. Ni los conciertos. Ni los gigantes. Ni el pobre de mí. Ni ninguna de las 204 horas de fiesta que durante todo el año anhelamos disfrutar, a poder ser mano a mano.
Pienso en el cohete que viene, para el que aún falta más de un año (si nos dejan). Me quiero volver a unir a la multitud para recordar aquel 2007 y, de alguna forma y por unos instantes, poder sentirte a mi lado aunque ya no estés. A pesar de que no vayas a volver, volveré cada 6 de julio a la plaza: por los chupinazos que vendrán y los amigos del alma que no lo haréis.
 

CRÓNICA DE UN CONCURSO (ADULTERADO)

Albert Fatsini Plazas

Tañen las campanas al compás del cronista. Pues, es lo que soy. Y son éstos tiempos de encierro. No los de San Fermín, sino los causados por este virus mortal que nos azota desde hace más de un año. Me encuentro hoy en el empedrado de las callejas de la ciudad, para sentirlas y quitarme el anhelo (de las fiestas). Ha corrido sólo el tiempo en estas calles. El tiempo y la esperanza. Pues, ciertamente, os digo que me hallo yo a solas, en soledad. La soledad de un toque de queda, y la soledad de un escritor. Acudo, también, debido al concurso de microrrelatos, cuyas voces participantes se sublevaron en ediciones anteriores; y se escucha lo que dicen las malas lenguas de él. Dícese estar adulterado y, sin tener en cuenta el don de la escritura, las obras ganadoras nunca son las mejores. Éstas siquiera son leídas. Tiempos convulsos para desenlaces descorazonadores.
Dirigiéndome al hostal, en la plazuela gritan los niños a los que sí se les ha permitido salir… a jugar. En mi habitación, he hallado una nota embutida por debajo de la puerta: Sí las leemos.
Lo sabremos, pues, el día del fallo.
No vine aquí a juzgarlo, sino a contarlo.