Música


El descanso del guerrero 5

Que los sanfermines tienen su componente de dureza es indiscutible, sobre todo para los que no aprovechamos para cargar las pilas ni yéndonos a Salou unos días ni renunciando a hacer vida sanferminera normal el fin de semana.

El que suscribe se echa a la calle cada día a media mañana para disfrutar de la vista de ocho figuras acartonadas aparcadas mientras hay no sé qué almuerzos, para echar algún frito clásico (qué cambio en las barras de los bares, de la micrococina durante el año a la fritangada sanferminera), y los vermutes que procedan. Y hace tiempo decidió que no merece la pena volver a casa al mediodía. Esto eleva el presupuesto y agota a la muchachada, pero volver a casa al mediodía tiene el riesgo de caer en la debilidad, rendirse y apoltronarse.

Ahora bien, se crea un tramo muy difícil, justo después de comer, donde el sopor se impone. Pues bien, este año cayeron en mis manos unas invitaciones para el Casino Princnipal y ¡Oh sorpresa!:

Ahí nos esperan unos sofás señoriales en los que caerse del palco, con una mesa a la distancia suficiente como para alcanzar el gin tonic especial con sólo alargar el brazo. Gin tonc especial de ginebraTen, con semillas de cardamomo y con la tónica escanciada deslizándose por la varilla de revolver para que no pierda la burbuja… sólo falta el hielo seco, a ver cuándo llega a Pamplona.

Detrás, el cuarto de estar de Pamplona, con el ir y venir de gentes tan entretenido de observar desde la balconada. No niego que cae una pequeña koskadica, reparadora, regeneradora. Y a fe que no soy el único que cae en los brazos de Morfeo en la sala.

Y se va formando un pequeño revuelo en uno de los extremos de la sala, y es que a las cinco de la tarde da comienzo una tertulia taurina en la que Pedro Berrozpe, al que no se podrá acusar de no mojarse, disecciona la corrida del día anterior y aventura qué pasará en la del día. Y con algún invitado/a relacionado con el mundo del toro. Y aprendemos cosas tan curiosas como que está mal dicho «herido por asta de toro», ya que se llaman «astas» a los cuernos que se regeneran, cosa que no ocurre en el caso de los de los toros, por lo que se les debe llamar así, «cuernos».

Y de pronto jaleo fuera: las mulillas en su desfile hacia la plaza pasan junto al Casino, y detrás la Pamplonesa, y en el cogollo el reportero más dicharachero de la radio local.

Y tontamente se hace hora de dirigirse hacia la plaza de toros, no sin antes apurar ese segundo cubata que sabe riquísimo en la tranquilidad del ambiente y que termina de entonarte para encarar lo que viene…

Un descubrimiento. Uno de esos momentos íntimos de los que hablaba Estafetakoa el otro día, y casualmente en la misma franja horaria.

En fin, enfrentamos otra travesía del desierto, ¡¡¡ que nos sea leve !!!, por nuestra parte aquí estaremos para compartirla…


SOL 3

Los discípulos, o no, de aquellos que están en la historia han cambiado de lugar, cada vez más espectadores sobrecogidos por la maestría que demuestran en el manejo de los instrumentos, no siendo menor la sorpresa por lo interminables que hacen los silencios, los más veteranos parece que han hecho corpus con aquella estrafalaria prole, expectantes a la espera de que en algún momento pueda fluir una nota de aquel arsenal de artilugios corroídos por el tiempo, en un rincón de aquel paseo esperan la oportunidad para seguir demostrando sus dotes prodigiosas, una algarabía inesperada aparece repentina, no se ha tenido en cuenta la hora ni el lugar, la concentración ha hecho que nadie se haya apercibido, ni siquiera el genio de la batuta, de que es el momento de retirar a sus aposentos a los hombres y mujeres más voluminosos de la ciudad, antiguos, disfrazados que hacen huir despavorida a la chiquillería y recrear la añoranza de otrora infantes, vaya incomodidad, piensa alguno, el futuro no deja de gritar, así es imposible quedar bien, con su peculiar estoicismo esperan a que el tiempo escampe, firmes, rocosos, con el uniforme decolorado por desconchones de sudor, mas ellos, impertérritos, formados como si fuera el primer acto, alguien se adentra en el bar y pide que saquen algún refrigerio para enjuagar tanta pesadumbre.


Gaiteros escoceses 6

Don Manuel Fraga, que en paz descanse, será recordado siempre por dos hechos muy folclóricos: su famoso baño en Palomares y sus tomas de posesión en la Xunta acompañado por quinientos gaiteiros. En Pamplona el baño dio pie a una coplilla, de aquellas de la Sanpedrada, donde se le incitaba a repetir el baño en la Plaza del Castillo.

Seguro que a los lectores del blog el Sr. Iribarne les trae otros recuerdos de índole infinitamente más mundana, pero es mejor no removerlos pues del baúl de los recuerdos de D. Manuel podría surgir también su título de socio de honor de las peñas de Pamplona, concedido por estas en los años sesenta.

Pero no venía esta entrada a hablar del antiguo Ministro de Turismo, sino precisamente de los gaiteros.

En el año 1985, la canción popular de aquellos Sanfermines fue una tonadilla escocesa. Como uno no tiene oídos sino orejas, no sabe decir cual es su nombre, pero sí situarlo en el contexto de que Osasuna iba a jugar por primera vez la UEFA y el rival que le había tocado en suerte para la primera eliminatoria era el Glasvow Rangers.

Se supone que el que se ponga de moda una canción u otra, cantada de boca a oído, es algo dificil de prever. Y mas en San Fermin. Pero para el diez u once de Julio, los del Muthiko Alaiak conseguían sorprender al Tendido de Sol haciéndose acompañar por quince o veinte Gaiteros Escoceses. Eran de la mismísima Escocia e irrumpieron en los toros uniformados con sus kiltt.

De aquella ocurrencia dan fe algunas fotos. Servidor, imaginándoselo, piensa que tuvo que ser una catarsis melódica digna de la Plaza de Pamplona. Lo que nunca he sabido es de dónde pudieron sacar veinte gaiteros escoceses en plenos Sanfermines. Se admiten apostillas.


Cosas que pasan en la Plaza de Toros (y III) – Zezen Plazan gertatzen diren gauzak (eta III) 8

Para terminar con esta trilogía, sin duda a la altura de otras como El Padrino o Millenium, vamos a acabar con una de cánticos.

Son los Sanfermines una fiesta eminentemente tradicional. Todos tenemos nuestras costumbres y manías. Tal día ir a tal sitio y pedir tal consumición o llevar los atuendos sanfermineros de alguna manera especial.

Pero sin embargo, hay tradiciones que aburren. Dicen que una estalagmita tiene que estar cientos de años para crearse y esas más grandes que vemos en algunas cuevas son el fruto de miles de años, que parece que son los mismos necesarios para cambiar las canciones de la plaza de toros.

Como no podía ser de otra manera, hablando de cosas que ocurren en la plaza de toros, de cosas que aburren, y de cánticos, no podemos referirnos a otra cosa que tener que escuchar día tras día a la chica yé-yé y el rey.

¿Es acaso la auténtica esencia sanferminera? ¿es una tradición realmente intocable e imprescindible? ¿se derrumbará el mundo sanferminero o los toreros ya no harán faenas sin estas dos canciones?.

Desde este mismo blog, varios de sus sabios lectores están pidiendo a gritos su abolición.

Las novedades musicales o de diferentes cánticos en la monumental pamplonesa nunca han sido numerosas. Tan sólo gestas deportivas como las de Induráin u Osasuna han hecho cambiar algo que parece milimétricamente calculado a la par que repetitivo. Este año hemos estado a punto de repetir aquel famoso “Osasuna a la uefa va”, pero nos ha faltado un punto, aunque de todas maneras al llamarse ahora “europa league”  hubiese complicado mucho el tema de darle una coplilla y un tono adecuado.

Las charangas cada año tienen canciones novedosas, que unas duran más tiempo y tienen más éxito y otras menos. También hay clásicos que permanecen en los repertorios durante años y que son difíciles de quitar, pero pasar de ahí a la obligación de que suenen a la hora prevista en la plaza de toros, va un trecho. Un poco de aire fresco en el repertorio es necesario hace años.

Parece que este año, con la excusa del quinto centenario de la conquista del reino de Navarra por las tropas castellanas, hay una propuesta para cambiar el himno de Eurovisión, por el himno de Navarra, bastante similares por otra parte. A ver si conseguimos cambiar también de paso otros cánticos y la variedad y novedad musical empieza a verse de alguna manera.

Puedo entender que se repitan canciones exclusivamente sanfermineras como el vals de astráin, una diana o un buen pasodoble protagonizado por la pamplonesa, pero lo de estas dos canciones roza el ridículo desde hace años. No se trata de que desaparezcan del todo, pero simplemente que se toquen de vez en cuando, y no por obligación.


FA

La cuarta parte de aquel mudo concierto tendría lugar en la Plaza, en un discreto lugar, dejar el centro coronado para mejor ocasión, ascender hasta perderse dentro del laberinto de la corona estaba reservado para otra más propicia, el hombre del tambor, luna plena sin pergamino, en esa calurosa hora del ángelus, se esfuerza por no perder la compostura, moverse a esa hora por el centro de la ciudad en cuidada formación no era cosa menor, cuanto más, manteniendo el paso para que nadie pudiera dudar de la profesionalidad de aquellos adalides del pentagrama llegados desde las entrañas de la ciudad, cuando el señor director estaba a punto de gritar el título de la siguiente pieza, todos ya con la boquilla del instrumento en la propia, aparecen como por ensalmo de una calle adyacente un grupo de alborotados aficionados, la batuta cae desmayada de su mano, sus hombros se descomponen hasta parecer un monigote sin muñidor que lo sostenga, lanza una mirada de resignación a su grupo y espera que los desafortunados hagan mutis por el foro, algunos espectadores se acercan solícitos a secar el sudor de aquellos aguerridos guerreros de la farándula, cuando todo está de nuevo dispuesto, se recompone la esfinge del señor director y todos al unísono comienzan otra pieza. Los alborotadores ante la solemnidad del momento guardan un cándido silencio.